Mi memoria a corto y mediano plazo falla de manera constante, sucesos recién ocurridos o hechos básicos de la vida cotidiana suelen olvidárseme muy fácilmente; de vez en cuando me pregunto si es solo parte de esa terrible distracción mía o sufro algún tipo de Alzheimer prematuro; cualquiera que sea la opción correcta sé que, inevitablemente hay momentos que desearía no conservar en mi memoria...
Y de la misma manera existen en mi devezencuandofracturadamemoria (como en la de cualquier otra persona), aquellos mágicos momentos y vivencias que quisiera con todas mis fuerzas conservar por siempre, atraparlos quizá en una botella o mejor aún, en una enorme burbuja, en la burbuja de mi corazón (aún con lo más cursi que pueda esto escucharse)

Sabía que debías marcharte, tu lugar no es éste, lo supe desde siempre y sin embargo, tenía un sinfín de sentimientos encontrados rondando entre mi estomago y mi garganta y estaba molesta, no contigo ni conmigo, sino con aquel momento...
E iba a dejarte ir sin despedirme, porque dolía y porque además, odio enormemente las despedidas; pero esa mañana mientras me lavaba los dientes y te recordaba, supe que lo más tonto que podía hacer era justamente eso, porque irónicamente lo que más quería hacer era verte, sentirte, abrazarte, tocarte una vez más; y no, no podía dejarte ir sin hacerlo, y escribí aquel mensaje...
Y cuando te vi, parado en aquella puerta, con esa enorme y adorable sonrisa tuya, deseé que el tiempo se congelara justo ahí, para poder observarla a mi manera y por más tiempo, el tiempo que Yo quisiera... Y te abracé...
Y fue esa una noche agridulce, corta pero intensa, llena de matices, una noche que espero nunca olvidar... Y te dije justo lo que quise decirte de la manera en que quise hacerlo, y te abracé cuanto pude y mis caricias fueron creadas y recreadas una y otra vez para no ser olvidadas, para que me extrañases...
Saudade -me dijiste- y fue entonces cuando supe que aquella noche era solo un hasta luego y entre lágrimas y sonrisas, me marché...