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martes, diciembre 18

Todo mi respeto a quien sí puede con ésta profesión

Siempre quise ser doctor, cirujano en específico, quería ayudar a la gente que necesitaba la ayuda más importante de su vida, la ayuda para seguir vivo. Sabía que iba a trabajar en un quirófano, que pasaría mucho tiempo en la sala de emergencias tratando víctimas de accidentes, quería meter las manos en el cuerpo de otra persona y arreglarla, componerla, darle más tiempo en éste mundo. No me podía imaginar haciendo otra cosa, tenía que ayudar a la gente, y nunca le tuve miedo a la sangre, el cuerpo humano siempre me ha sido tan fascinante, tan maravilloso, que tenía que conocerlo más a fondo.
Crecí más, y más ganas tuve de dedicarme a mi sueño, de estudiar el corazón y poderlo sanar, arreglar, dar mantenimiento o lo que le hiciera falta. Sabía que iba a ser un gran cirujano, que me pelearía con la muerte día con día, y que nunca perdería una sola batalla, porque había demasiado en juego.
Crecí más y fuí aprendiendo que las limitaciones médicas son terribles, que hay demasiado que no se puede hacer aún, que muchas veces, demasiadas quizá, las cosas no dependen de uno, de la ayuda médica, que simplemente, en ocasiones, no se puede hacer nada. Tendría que acostumbrarme a la muerte. Tendría que aprender a vivir con el sufrimiento de los demás día con día, que una parte de mí tendría que morir para poder Yo vivir con la situacíon a mi alrededor, que muchas veces la sangre con la que terminaría en mis manos no sería algo tan fácil de lavar y dejar atrás, sino que sería un recuerdo de un fracaso, y de una persona que ya no está.
Tuve miedo, me preocupé, no sabía qué esperar de la vida de un cirujano. Así que aprendí al respecto.
Resulta que los hopitales me resultan deprimentes, que es raro ir a sala de emergencias y salir en una situación agradable, que no quiero vivir en algo que me impide detenerme a observar y disfrutar mi alrededor, si te detienes a pensar en el niño con quemaduras de tercer grado por todo el cuerpo, o el atleta que perdió su pierna, te sale lo humano, te llega al alma, te da por preocuparte e involucrarte emocionalmente. Y eso es peligroso porque cuesta, el precio puede ser muy alto, terminas deshumanizado, o al menos, creo que es algo que Yo no podría evitar. Asi que lo dejé en el baúl de mis sueños rotos. No voy a deshumanizarme.